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miércoles, 29 de mayo de 2013

Una perspectiva acerca de la conducta de riesgo adolescente

¿Es la adolescencia la etapa de mayor toma de riesgos? ¿Por qué? ¿Se puede cambiar? Estas preguntas han sido fundamentales en la psicología; pero también en la política, la salud en general, la educación, la familia, etc.  En 2007, Laurence Steinberg publicó una importante e influyente revisión con su perspectiva, basada en la evidencia, acerca de las respuestas a estas preguntas. Veamos de qué se trata.

Introducción
Comienza Steinberg estableciendo que los adolescentes, así como los individuos de edad universitaria, toman más riesgos que los niños o los adultos, tal como se indica en las estadísticas de accidentes automovilísticos, de uso de anticonceptivos y de crímenes. Sin embargo, la investigación sistemática no apoya el estereotipo de los adolescentes como individuos irracionales que creen que son invulnerables, y que son inconscientes, inatentos o despreocupados por el daño potencial de la conducta de riesgo. De hecho, las habilidades de razonamiento lógico de los adolescentes de 15 años son comparables a las habilidades de razonamiento lógico de los adultos. Por eso, muchos investigadores han propuesto que las diferencias relacionadas con la edad, en la verdadera toma de riesgo, son debidas a las diferencias en la información que los adolescentes y adultos usan cuando toman decisiones.

Tal vez por eso -continúa Steinberg-, los esfuerzos para proporcionarle a los adolescentes la información acerca de los riesgos del uso de sustancias, la conducción imprudente y el sexo sin protección, típicamente resultan en mejoramientos en el pensamiento de los jóvenes acerca de estos fenómenos, pero raramente cambian su comportamiento. En cambio, la reducción en el comportamiento de lo que compromete a su salud, en los adolescentes, está más fuertemente vinculada con los cambios en los contextos en los cuales generalmente se toman esos riesgos, que con los cambios en lo que los adolescentes saben o creen (acerca de los riesgos).

La perspectiva de Steinberg (2004) sobre la toma de riesgos
La perspectiva de Steinberg (2004) parte de la premisa de que la toma de riesgos en el mundo real es el producto, tanto del razonamiento lógico, como de los factores psicosociales. Sin embargo, a diferencia de las habilidades de razonamiento lógico -las cuales parecen estar más o menos desarrolladas a la edad de 15 años-, las capacidades psicosociales que mejoran la toma de decisiones y moderan la toma de riesgos -tales como el control de los impulsos, la regulación de la emoción, la demora de la gratificación y la resistencia a la influencia de los pares- continúan madurando hasta la adultez joven (Steinberg, 2004). 

De acuerdo con lo anterior, Steinberg afirma que la inmadurez psicosocial en esos respectos durante la adolescencia, puede socavar lo que, de otra manera, podría ser una toma de decisiones competente. Según Steinberg, la conclusión que sacan muchos investigadores de que los adolescentes son tan capaces de tomar decisiones como lo hacen los adultos, puede permanecer cierta sólo bajo condiciones en las cuales se minimiza la influencia de factores psicosociales.

¿Qué dice la neurociencia del desarrollo?
Al parecer, la elevada toma de riesgos en la adolescencia es el producto de la interacción entre dos redes cerebrales, explica Steinberg: 

(1) Una red socioemocional: particularmente importante para el procesamiento de la recompensa, y remodelada en la adolescencia temprana por los cambios tempranos de la pubertad. Esta red estaría localizada en las áreas límbicas y paralímbicas del cerebro, una región anterior que incluiría a la amígdala, al estriado ventral, a la corteza orbitofrontal, la corteza prefrontal medial y al surco temporal superior.

(2) Una red de control cognitivo: principalmente apoya a las funciones ejecutivas como la planeación, el pensar en el futuro y la auto-regulación. Esta red madura gradualmente en el curso de la adolescencia y de la adultez temprana, independientemente de la pubertad (Steinberg, 2004). Esta red incluiría principalmente regiones exteriores del cerebro, tales como las cortezas prefrontal lateral y parietal y aquellas partes de la corteza cingulada anterior con la cual aquellas están conectadas.

Steinberg añade que, en muchos respectos, la toma de riesgos es el producto de la competencia entre las redes socioemocional y de control cognitivo (Drevets & Raichle, 1998) y la adolescencia es un período en el cual la primera se vuelve abruptamente más firme, mientras que la segunda sólo gana fuerza de manera gradual, por un largo período de tiempo.

¿Por qué los adolescentes tienen mayor inclinación a la conducta de riesgo?
Steinberg explica que cuando los individuos no están emocionados o están solos, la red de control cognitivo es lo suficientemente "fuerte" como para imponer un control regulador sobre el comportamiento impulsivo y arriesgado, aun en la adolescencia temprana. Sin embargo, en presencia de pares o bajo condiciones de activación emocional, la red socioemocional se activa lo suficientemente como para disminuir la efectividad reguladora de la red de control cognitivo. Ya en el curso de la adolescencia, la red de control cognitivo maduraría, de tal manera que en la adultez, aun bajo condiciones de activación elevada en la red socioemocional, se podrían modular las inclinaciones hacia la toma de riesgos.

De manera bastante interesante y coherente, Steinberg explica que los mecanismos que subyacen al procesamiento de información emocional, de información social y de recompensa, están fuertemente interconectados. De hecho, en los adolescentes, las regiones que son activadas durante la exposición a estímulos sociales y emocionales se solapan considerablemente con las regiones que también han mostrado ser sensibles a las variaciones en la magnitud de la recompensa [p. ej., el estriado ventral]. Según Steinberg, los adolescentes gastan mucho tiempo con sus pares y la mera presencia de los pares hace que los aspectos de la recompensa de las situaciones arriesgadas sean más llamativos, porque activarían al mismo circuito que es activado por la exposición a los reforzadores no sociales cuando los individuos están solos.

¿Qué dicen las ciencias del comportamiento?
Steinberg cita tres líneas de evidencia comportamental:

(1) Los estudios de susceptibilidad a la influencia de pares antisociales muestran que la vulnerabilidad a la presión de los pares se incrementa entre la pre-adolescencia y la adolescencia media -con un pico en la adolescencia media- y, gradualmente, decae después (Steinberg, 2004).

(2) Los estudios sobre toma de decisiones generalmente no muestran diferencias relacionadas con la edad, en el procesamiento del riesgo, entre adolescentes mayores y adultos cuando la toma de decisiones se evalúa bajo condiciones probablemente asociadas con relativamente más baja activación de los sistemas cerebrales responsables de la emoción, la recompensa y el procesamiento social.

(3) La presencia de los pares incrementa la toma de riesgo: (a) sustancialmente entre los adolescentes, (b) moderadamente entre los de edad universitaria y (c) en nada en los adultos, lo cual es consistente con la noción de que el desarrollo de la red de control cognitivo es gradual y se extiende más allá de lo años de la adolescencia.

¿Qué cambia durante la adolescencia?
Steinberg explica que los estudios con ratones y ratas indican un incremento especialmente significativo en el atractivo de la recompensa -o sea, cuánta atención prestan los individuos a la magnitud de las recompensas potenciales- alrededor del tiempo de la pubertad (Spear, 2000), lo cual es consistente con los estudios en humanos que muestran que el incremento en la búsqueda de sensaciones ocurre relativamente temprano en la adolescencia y están correlacionados con la maduración puberal pero no con la edad cronológica (Steinberg, 2004).

Según el autor, parece, entonces, que el sistema cerebral que regula el procesamiento de los reforzadores, la información social y las emociones, se hace más sensible y se activa más fácilmente alrededor de la época de la pubertad. Pero, ¿qué pasa con su hermano, el sistema de control cognitivo? Las regiones que forman a la red de control cognitivo, especialmente las regiones prefrontales, continúan mostrando cambios graduales en su estructura y función durante la adolescencia y la adultez temprana (Casey, Tottenham, Liston, & Durston, 2005). Adicionalmente, las regiones frontales también se integran más con otras regiones cerebrales durante la adolescencia y la adultez temprana, y esta integración puede ser un cambio aún más importante que los cambios dentro de la misma región frontal.

En esencia, puntualiza Steinberg, una de las razones para que el sistema de control cognitivo de los adultos sea más efectivo que el de los adolescentes, es que los cerebros de los adultos distribuyen sus responsabilidades reguladoras a lo largo de una red más amplia de componentes vinculados entre sí, mientras que en los adolescentes, la red adolece de comunicación cruzada entre algunas regiones.

Algunas implicaciones
Según Steinberg, una estrategia de más provecho que intentar cambiar cómo perciben los adolescentes a las actividades de riesgo podría ser enfocarse en las posibilidades que limiten que el juicio inmaduro tenga consecuencias dañinas. Por ejemplo, estrategias tales como elevar el precio de los cigarrillos, el reforzamiento más vigilante de las leyes que gobiernan la venta del alcohol, la expansión del acceso de los adolescentes a la salud mental y los servicios de anticoncepción o incrementar la edad permitida para conducir, probablemente serían más efectivas en limitar el consumo de cigarrillo, el abuso de sustancias, el embarazo o las fatalidades automovilísticas adolescentes, que las estrategias que apuntan a hacer que los adolescentes "sepan más", "sean menos impulsivos" o "tengan una visión más amplia de la vida". Finalmente, Steinberg puntualiza que "algunas cosas toman tiempo en desarrollarse y, nos guste o no, el juicio maduro es probablemente una de ellas".

Conclusión
Steinberg concluye que la evidencia que revisó y presentó en su artículo sugiere que la elevada toma de riesgos durante la adolescencia es muy probable que sea normativa, biológicamente dirigida y, hasta cierto punto, inevitable.

Referencia:
Steinberg, L. (2007). Risk Taking in Adolescence: New Perspectives From Brain and Behavioral Science. Current Directions in Psychological Science, 16 (2). pp. 55-59.


Comentario
Bien, ¡qué felicidad! Al fin hoy pudimos presentar otra idea inspiradora. Esperamos les haya parecido muy interesante la perspectiva de L. Steinberg acerca de la toma de riesgos en la adolescencia. 

Como vimos, no es que los adolescentes no sean capaces de discernir o prever las consecuencias de acciones arriesgadas o que sean irracionales, como constantemente se hace ver. Su comportamiento, más bien, refleja la "incapacidad" -biológicamente determinada- de una red cerebral (la de control cognitivo) para superar la expresión de, o controlar a, otra red cerebral (la socioemocional). Tal incapacidad de la red de control cognitivo indica sólo inmadurez, mas no anormalidad. ¿Por qué? Porque la naturaleza así lo dispuso...las áreas de control cognitivo aún se están desarrollando hasta más o menos los 25 años [increíble, pero así funciona el desarrollo: tomándose su tiempo]. En cambio, la red socioemocional se desarrolla primero, debido a la influencia puberal [y la pubertad, "generalmente", se da muchísimo antes de los 25 años...Esto es algo obvio, pero era para enfatizar en la diferencia cronológica del desarrollo de ambas redes].

Adicionalmente, Steinberg también nos dejó claro que las redes neurales o cerebrales que soportan la respuesta hacia la recompensa, ¡resulta que se solapan con las red socioemocional! En consecuencia, la falta de "potencia" de la red de control cognitivo se suma al extremo "disfrute" de la compañía de otros, lo cual resulta en que los adolescentes incurran en más conductas de riesgo (por supuesto, más cuando están en grupo que solos, pero como casi siempre están en grupo, ya sabemos las consecuencias). Al final, las conductas de riesgo terminan siendo placenteras también. Como si todo eso fuera poco, también está la influencia del contexto, en cuanto a las oportunidades y posibilidades -de todo tipo- que proporciona. Juzguemos entonces los resultados.

Finalmente, Steinberg propuso que más efectivo que intentar cambiar la manera de pensar o juzgar las situaciones en los adolescentes, es intentar cambiar el contexto y sus posibilidades, reduciendo, por supuesto, las oportunidades, espacios u opciones, para que los adolescentes incurran en la conducta de riesgo.


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2 comentarios:

  1. Felicitaciones por socializar un resumen de un artículo que nos permite comprender de mejor manera el comportamiento típico de la etapa de la adolescencia, y des-prejuciarnos de que el adolescente toma riesgos o provoca situaciones de forma deliberada con plena consciencia sino más bien tiene ciertas limitaciones determinada por su proceso de maduración en la que la actuación social debe minimizar los riesgos optando por medidas preventivas.

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    1. ¡Hola Gonzalo! Muchas gracias por tu comentario. La idea del autor del artículo es exactamente como lo sintetizas. La cuestión es cómo lograr un equilibrio para no pasarse al otro lado de, entonces, justificar todas las cosas ("malas") que los adolescentes hagan. Es complicado, pero es un gran inicio reconocer cuáles son las limitaciones en esa etapa del desarrollo y cómo manejarlas. Saludos.

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